Folios, supresiones y Great Smoky Mountains

almeria04Relaciono hacer fotos de paisajes con mis trabajos como negro literario, definición brutal a la española que en lengua inglesa lo expresan con el eufemístico ghostwriter. Algunas editoriales de aquellos días buscaban muertos de hambre, como el que suscribe que en su primer trabajo le tocó los Parques Naturales; iluso pensó que sería sobre alguno que hubiera visitado. Mentira: El Parque Nacional de las Grandes Montañas Humeantes, allá por las Apalaches. Yo sólo conocía mi entorno peninsular y otros europeos, donde llegabas con un dos caballos, mientras almeria06hubiera carretera.

Como Internet no se había inventado, sólo encontré información en las bibliotecas USA, en inglés, mi asignatura pendiente. Busqué ayuda, afilé el lápiz, puse tinta en la Montblanc, un buen regalo paterno y me puse manos a la obra. Tenía pocos días pero cada folio suponían unos míseros ingresos, que son oro para el que no tiene casi nada. Terminé el trabajo y esperé noticias de mi ama editorial, que todavía existe y de cuyo nombre si puedo acordarme.

Explico la ubicación de las montañas llenas de humo, su flora, fauna, clima y habitantes: los cheroquis cuyas referencias me censuraron casi en su totalidad. Mi manuscrito, trabajado con una vieja Olivetti que me regaló mi mujer, llegó a vuelta de correo, tachado en rojo sangrante y con unas aclaraciones impersonales sobre lo que tenía que rectificar.

Hacía el mil setecientos, los colonos obligaron a desplazarse a los cheroquis hasta Oklahoma, en el camino murieron muchos y, ahora sus descendientes enseñan su Reserva a los turistas, les venden tomahawks y sombreros de plumas, armas y adornos que ellos nunca usaron. La mortandad infantil y el índice de alcoholismo por aquellas fechas era elevado, además se enfrentaron con sus hermanos y los que resistieron se escondieron entre el humo de las montañas. Ha sido uno de los pueblos indígena más masacrado, debe haber menos individuos que en Parla.

lanzarot07El lápiz reprobatorio también se cebó con todo aquello que yo había nombrado sobre el afán de lucro de las compañías aserradoras, que talaron árboles centenarios para construir vaya usted a saber qué. También recuerdo el título de aquella revista dónde sólo escribí este artículo, Naturaleza Salvaje.

tnrife13

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