Las cosas de casa

Ya saben que las desgracias no vienen solas, de ahí que a la muerte de mi anciano y viudo padre, dos de mis hermanos se refugiaron, aún más si cabe, en la religión y terminaron en unas sectas cristianas de esas que hacen más daño que los cilicios que mi madre se ponía en la tripa, mucho antes de que un cáncer acabara con ella y un señor muy importante la acogiera en su seno. Al fallecer la máxima autoridad familiar y mejor vínculo para todos, se tuvo que desmantelar la casa de toda la vida en el centro de Madrid; llena de recuerdos que se malvendieron por la premura a una empresa de antigüedades que nos timó vilmente.

Para olvidarme de los tentáculos pulposos de ideología opiácea, me fui a vivir a una isla griega durante unos años. No me deshice de mis fantasmas, pero me fue bien y cuando regresé a la capital, convencido más que nunca de que Dios es un invento de los hombres y la Iglesia un club privado con ánimo de lucro y dominio a sus creyentes; me rehice en mis pensamientos agnósticos y me sentía cada vez más libre, escupiendo fantasmas innecesarios.

En Madrid retomé la pasión por mis paseos dominicales por El Rastro y en una de esas ocurrió lo peor, mis ojos despidieron lágrimas al reconocer, los patines de mi hermana pequeña, el saxo que nos regaló aquel estudiante nicaragüense que llegó a ser el brazo derecho del dictador Somoza, el niño Jesús que besábamos el pie todos los venticuatros de diciembre por la noche, los candelabros del abuelo, la Mariquita Pérez de mi hermana la mediana que tanto quería y cuidaba, la mesa de mármol del cuarto de estar, el sillón art decó de la entrada, la caja de música del despacho de mi padre, el reloj de pared del comedor con el escudo de la familia…

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4 Responses to Las cosas de casa

  1. kurioso dice:

    ¿Es cierto esto?….

    Nudo en la garganta

    • El Cuervo dice:

      No del todo, si miras mi “declaración de intenciones”-El Cuervo-(https://corvido.wordpress.com/about/), en el menú de arriba, lo mismo te aclara. Lo de nuestra familia y la religión está claro, lo de El Rastro no, pero si guardo una espina clavada que algún día te contaré y lo de los cilicios es algo que supe muchos años después de que sucediera. Lo de la Isla Griega hay que traducirlo como mi estancia en Altea, en una casa de payeses intentando poner en orden mi existencia.
      Abrazos

  2. Myriam dice:

    Casualidades de la vida: paseando (hace años) por la feria del libro antiguo en Recoletos, me encontré con un libro “MEMORIAS DE UN SEXAGENARIO” con el ex-libris de papá, lo conocía porque él me hablaba mucho de esa colección de 10 libros en la que se contaban cosas que él había vivido. Se lo comenté al librero y me lo vendió por 100 pts (su precio original era 10 pts) acompañado del comentario: “es una pena los he tenido todos (algún hermano tuyo me los traería)pero los he vendido por separado poco a poco y se ha deshcho la colección.”
    Por cierto el cilicio se lo colocaba en el muslo, un poco mas arriba de la rodilla. Yo (doña antenita) me ócupé un dia de que me explicara para que era eso (despues de registrar sus cajones)y cómo y dónde se ponía (lo guardaba junto a las medias de cristal)

    • El Cuervo dice:

      Ya te lo he comentado por teléfono. Muchas gracias, espero que me sigas leyendo. ¡Ah! prometo ir a veros, a ti y a tu obra, en cuanto restauremos una pierna de la Basi
      Besos

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