Acatar la desobediencia

25/01/2014

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Mis padres me enseñaron a obedecer, frases como niño estudia o cómete esas verduras sin dejar nada en el plato, llegaron a ser cotidianas. Era obligatorio no llegar tarde a casa, abrigarte si hacía frío, no fumar en los portales o respetar a nuestros mayores. Evidentemente, con el tiempo te das cuenta de que todo era para convertirte en un hombre o en una mujer de bien, dejémoslo en hacerte persona. Pongo en la conciencia de todos, si se me permite, pensar que estos preceptos fueron necesarios y nos han convertido en los que somos, tanto si nos gustara la ensalada o tuviéramos que recuperar alguna asignatura por imperativo materno o  paterno; con el tiempo he comprendido lo positivo de aquellas normas.

Ahora que peinamos canas y que nos preocupa el futuro de nuestros hijos, tenemos que cumplir lo que dicen nuestros gobernantes, esos que dictan leyes para que cumplamos, nos gusten o no, disposiciones que destrozan todo el estado de nuestro bienestar, que desprecian impunemente los Derechos Sociales, menos el suyo que está asegurado y, por supuesto el de las clases poderosas. Me niego, por tanto a obedecer preceptos que fomenten la desigualdad de los ciudadanos, leyes destinadas a privatizar la Sanidad o la Educación, que bajen el poder adquisitivo de la población, que te desahucien, que te empobrezcan o te retrasen al siglo veinte. Leyes injustas aderezadas con corruptelas varias, disfrazadas de un liberalismo con piel de cordero que esconde una auténtica dictadura, ideológica y de los mercados.

No quiero que me quiten mi libertad de expresión, no deseo que mis familiares, amigos y vecinos sufran esta lacra, proclamo por tanto la legitimidad de desobedecer y rebelarme contra los mandatos injustos, por eso creo que merece la pena luchar, así que nos vemos en la calle.Yayos_Mad

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La Navidad, un cuento.

04/01/2014

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Pensaba que el espíritu de Scrooge, el personaje dikensiano se había dado una vuelta por Instituto en cuanto notara que en un Centro público, se había puesto un belén. Por lo que contaron los que por allí estuvieron pensé que el alma de Scrooge poseyó a uno que pasara por el vestíbulo. El caso es que el niño ya no estaba en su cuna, la mula fue cambiada por el camello de un paje de los reyes magos, un cabritillo apareció colgado de la soga del pozo, quizás se suicidara viendo que su pastorcillo estaba tirado en la orilla del río boca abajo, justo al lado de un caganet que simula a Wert con la camiseta verde de la Enseñanza Pública y algún que otro desaguisado más, igual o de menor importancia. ¿Dónde está el niño? Pregunta alguien en la Sala de Profesores, menos mal que no lo oyó ninguna madre, no sabríamos que hubiera pensado. Aunque también estaban buscando a los responsables de semejante gamberrada, lo van a pagar caro, se sabe que han dicho los miembros del equipo directivo, aunque el resto de los profesores ya les advirtieron del riesgo de esta clase de manifestaciones religiosas dentro de un centro público. Claro que al mostrar camisetas verdes corres el riesgo de ser tachado de extremista. Y ahora, aquí se preguntan dónde está el niño que nació en Belén; vaya usted a saber, piensa una profesora que ha sido sancionada por exhibir la camiseta de la Escuela Pública en un examen de nivel, de esos que tan en serio se toman nuestros gobernantes y que les sirve para desprestigiar el trabajo de todos e iniciar así el camino hacia la privatización, perdón, quise decir externalización para no herir la sensibilidad de nuestros gestores. No hizo falta que la profesora se hiciera más la pregunta, los restos de la figurita del niño perdido los encontró ella cuando fue al servicio; estaban al fondo del mingitorio, decapitada. El lio ya estaba armado, pero quedaban pocas horas para las vacaciones, así que a ver quién mete la mano ahí para sacar el cuerpo del delito. Adiós, piensa la profe, agur, bye, carretera y manta para abrazar a la familia que te espera en el pueblo o en la capital, dónde recuerdas tus orígenesNavidad_un_cuento_01_F_thumb.jpg por unos días, ves a esos vecinos que envejecen contigo. Comes como una mala bestia, la televisión te recuerda lo mal que lo pasan algunas familias, en tu país en el mundo, es tiempo de solidaridad; te insisten tanto que parecen decirte, eh, pequeño burgués, que estamos en crisis, no te vayan a sentar mal tus pecados de gula, que no te siente mal esa patita de centollo antes de llevártela a la boca. El caso es que los responsables de este otro desaguisado van camino del Caribe, sin preocupaciones, ya se encargarán de leer lo que escriben sus asesores, de ejecutar recortes y llevar caviar de Beluga a su mesa. Luego el mensaje del rey, como si fuera el título de una película, esperando inútilmente que anuncie un proceso constituyente para iniciar una república, aunque sólo sea la independiente de tu casa. El milagro no se produce, pero eso sí, Raphael nos deleita de manera insistente con su tamborilero.

1 de Enero de 2014.