Marcos Ana y mi cuaderno rojo.

Marcos_Dedica_02Valga esta dedicatoria en mi libreta a todos mis compañeros yay@flautas, ya que sin ellos quizás el destino no me hubiera llevado a conocer al anciano poeta.

“… mi casa no tendrá llaves:

siempre abierta, como el mar,

el sol y el aire.”

Un hombre que literalmente te abre la puerta y te recibe con dos besos, que te ofrece su sofá, sus recuerdos y su charla; te pregunta, te habla y escucha. Donde no hay un no por respuesta y eso que: “yo no asimilo bien los homenajes”, aunque explica que éstos son para todos sus compañeros que sufrieron la persecución franquista o fueron asesinados en un paredón por defender una joven República.

Después de veintitrés años de cárcel, tres sentencias a muerte, torturas y sufrimiento. “No guardo resentimiento”, escribe. También nos preguntó a todos en su encierro cómo era un árbol.

“… contadme el canto de un río

cuando se cubre de pájaros,

habladme del mar,”

Te recita mirándote a los ojos y de su pupila parece que fluyen sus palabras en tu conciencia como un torrente de letras ordenadas que son: ”capaces de transmitir directamente una valor que apela al sentimiento”.

Habla de las personas, “lo importante es mantener la juventud de tus ideas. Ese es el arte.” De las mujeres que, “siguen estando desprotegidas, que cobran menos que los hombres, pero son fuertes y seguirán pelando.” Opina de sí mismo, “la vida dura pero noble de un revolucionario”, de sus ideas, “hay una diferencia entre ser comunista y el comunismo”; y lo hace con una autocrítica que le ennoblece, “el socialismo debería estar por encima de los líderes que lo desnaturalizan.” Sus palabras se hacen sabias cuando lees que, “es necesario lograr una unidad más profunda entre todas las fuerzas de izquierda: anarquistas, socialistas, progresistas y siempre teniendo presente a la juventud.”

Un hombre paciente que te escribe una dedicatoria con un bolígrafo solidario, que te la lee y te conmueve, que se levanta para anotar en su agenda nuestro compromiso; que te acompaña a la puerta y se preocupa por ti, “os enciendo la luz de la escalera” y “cuidado al bajar”. Te vuelve a dar dos besos o te abraza, levanta la mano en un adiós, “salud” nos dice.

“Mi casa y mi corazón

nunca cerrados: que pasen

los pájaros, los amigos,

el sol y el aire.”

Sabina_Marcos

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